Soledad

El sabor de la soledad no era como lo había imaginado. Era un caramelo que caía, dulce y caliente por su pecho, hasta llegar a su estómago, donde se.convertía en un vacío que explotaba y se clavaba en su cuerpo, como si fuera cristal.

Ahi era donde se daba cuenta de que no habría nadie más, que ni siquiera la soledad sería su acompañante.

Un silencio sordo y pesado invadía sus sentidos y hasta el sonido de su voz se le antojaba extraño, lejano, como si no le perteneciera. Nunca sería capaz de explicar los sentimientos que le invadían, quizás porque le podía la vergüenza de reconocer que no había sentimiento alguno para él.

Era entonces cuando exhalaba el aire que había estado reteniendo, sin saberlo, y la realidad que lo rodeaba comenzaba a definirse al ser consciente del regalo que la soledad le traía, al saber que, ahora lo único que podía sentir dentro de su corazón, era alivio. Ya no habría colores a su alrededor, pero el gris que se extendía ante él, tan inofensivo y silencioso, jamás podría dañar su vacío corazón.

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